Fragmentos de casa para encontrar un hogar
En la pieza, la imagen de la casa de la infancia como representación figurativa de lo que se reconoce como hogar, es fragmentada y transferida por partes a un conjunto de 49 azulejos cerámicos. Un material arquitectónico decorativo pero no estructural, que funciona como símbolo de una fachada que conceptualmente es forma pero no contenido. Así, la imagen se vuelve un caparazón del hogar y se divide para expandirse y reconfigurar su sentido. 
La obra plantea un proceso simultáneo de construcción y destrucción del hogar, propio de una forma de habitar eternamente dividida.
En una etapa posterior, estos azulejos serán distribuidos en el nuevo territorio habitado, expandiendo la noción de hogar hacia el espacio presente y proyectando la idea de cobijo en un entorno ajeno que no contiene nada propio.
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